Tras más de tres décadas de servicio en centros jurídicos comunitarios, Victoria se jubila, dejando atrás una carrera marcada por un firme compromiso con la justicia para los más necesitados.
Una conversación con Victoria
El camino de Victoria hacia el derecho fue todo menos convencional. «Dejé el colegio a los 15 años. No tenía el VCE ni nada por el estilo. Trabajé en bares, detrás de la barra, de camarera y en la caja de Safeway durante 10 años», recuerda. «Llegué a los treinta y tantos y pensé: “¿Sabes qué? Ya no puedo seguir así”».
Ese punto de inflexión la llevó a Holmesglen TAFE, donde completó su VCE. «Tuve una profesora realmente maravillosa… ella me animó a intentar entrar en la universidad». A pesar de tener que compaginar el cuidado de su hijo, el trabajo y sus problemas de salud, Victoria presentó su solicitud tanto en la Universidad de Monash como en la de Deakin. «El día que tenía que ir a hacer la prueba de acceso para adultos, se me estropeó el coche… Tuve que ir haciendo autostop hasta Monash».
Entró y le fue muy bien. «Saqué la segunda nota más alta en Sociología de primer curso. Eso me dio un crédito… y me cambié a Derecho».
«No conocía a ningún abogado. Vengo de una familia de clase trabajadora. Pero me gustaba la idea de resolver problemas y trabajar con gente».
Carrera profesional en CLC
Tras graduarse, Victoria se incorporó a lo que hoy se conoce como Peninsula Community Legal Centre, donde pasaría 22 años, 18 de ellos como abogada principal. «En aquella época no había un modelo a seguir… Teníamos que ir inventándonos el trabajo sobre la marcha», comentó. «Algunas de las cosas que ideamos en aquel entonces siguen vigentes hoy en día».
Su liderazgo contribuyó a que el centro pasara de ser un pequeño equipo ubicado en un garaje reconvertido a convertirse en uno de los centros comunitarios de aprendizaje (CLC) más grandes del estado.
En 2017, Victoria se incorporó al St Kilda Legal Service (ahora Southside Justice) como abogada especializada en violencia doméstica. «Siempre me han interesado la violencia doméstica y el Derecho de familia», afirmó. «Cuando empecé, la policía solo acudía a un caso de violencia doméstica si alguien estaba siendo asesinado… Ahora es una parte fundamental del trabajo policial y del trabajo de los centros de asesoramiento jurídico comunitario (CLC)».
Ha sido testigo de una evolución espectacular del sector. «No fue hasta que empecé a trabajar cuando el Juzgado de Familia reconoció que la violencia doméstica formaba parte de su ámbito de competencia; ahora representa el 85 % de los asuntos que tramitan».
Victoria reflexiona que trabajar en un CLC no suele consistir en ganar grandes casos, sino en las pequeñas victorias del día a día. «La vida en un CLC no suele ser así. A lo largo del camino se acumulan muchos pequeños éxitos», afirma. «Ayudar a las personas a resolver sus problemas y a recuperar cierto control sobre su vida: esa es la parte realmente gratificante del trabajo».
Ella atribuye su larga trayectoria en el sector a los valores compartidos y a las sólidas relaciones con sus compañeros. «Las personas con las que trabajé… tenían una verdadera determinación por mejorar la vida de la gente», afirmó. «Y los clientes… son ellos los que te motivan a ir a trabajar».
A los jóvenes abogados, Victoria les dice lo siguiente: «Al fin y al cabo, hay que poder dormir por las noches. A mí, personalmente, me resultaría difícil pasarme el día trabajando para que ganen más dinero personas que ya tienen mucho».
Anima a los nuevos abogados a ser sinceros con respecto a sus valores. «Si quieres tener una carrera con la que te sientas bien, tienes que ser sincero contigo mismo sobre cómo ves el papel del derecho y cuál es tu papel dentro de él».
Y para quienes vayan a permanecer en el sector a largo plazo: «Cuida tu salud mental… No te lleves el trabajo a casa. Ten una vida fuera del trabajo. Haz otras cosas. Haz ejercicio. Come bien. No bebas en exceso».
La vida después del trabajo
Victoria está deseando disfrutar de su jubilación con clases de arte, viajes y tiempo para estar con sus amigos y su familia. «Acabo de apuntarme a unas clases de arte… Me gusta restaurar muebles, hacer jardinería y pasar tiempo con mi hija».
Al repasar su trayectoria profesional, se despide con palabras de agradecimiento: «Gracias a todas las personas con las que he trabajado… han sido lo que me ha hecho levantarme cada mañana y me ha dado un sentido a mi vida».